Dios me libre y me guarde


Por Sacha Kun Sabó *

“Cuando miras largo tiempo a un
abismo, el abismo te devuelve
la mirada”

Friedrich Nietzsche.

La democracia a nivel global dentro de su propio seno experimenta el fortalecimiento de sectas neo-pentecostales con sus respectivas representaciones partidarias neofascistas. Con calendario moralizante, se instalan en contra de las conquistas de la modernidad: la ciencia, la democracia y los derechos universales del hombre. Sin duda hay una caza de brujas de formulaciones medievales en ciernes. Dentro del fenómeno Milei hay una inusitada fundación de templos de las más variopintas sectas evangélicas. La unión estratégica entre actuales derechas y sectores evangelistas, especialmente neo-pentecostales, atienden a una corriente político-religiosa, que demanda aplicar un dietario conservador radicalizado: la tan mentada batalla cultural, en contra de toda ideología progresista.

La Biblia y las alocuciones religiosas son usadas para reconfigurar las hegemonías políticas y construir una cultura de moldes inquisitoriales de extrema derecha. Esta manifestación, es impulsada desde la concentración medial manipulando así, los electorados que están incluidos dentro de estas dinámicas religiosas, embarcándolos, en la construcción de un «reino» de equivalencias veterotestamentales. Dichos planteamientos sostienen que quien tiene éxito en esta vida, es querido y especialmente bendecido por Dios. Podría verse como una antítesis de la “teología de la liberación” que surgió en tierras latinoamericanas en la década de 1960/70, razón por la cual la Agencia Central de Inteligencia (C.I.A.) financió el desembarco masivo de estos emprendimientos religiosos con la primacía de lo individual y lo meritocrático.

Un caso concreto es el bolsonarismo brasileño, donde la bancada evangélica en la cámara de diputados es el sector mayoritario de ese espacio. Tengamos en cuenta, y siguiendo el ejemplo de Brasil que el 65 % del universo protestante es neo-pentecostal. Jair Bolsonaro ha coronado la retórica religiosa como médula basal de su conciencia política, esgrimiendo conceptos y categorías que fusionan el sino nacional con preceptos bíblicos y el levantamiento hegemónico de estas iglesias contra la democracia constituida: «El Estado es cristiano y la minoría tiene que inclinarse ante la mayoría», Consorcios de la talla del “Congreso Mundial de las Familias” concilian estrategias globales, fomentadas por asociaciones de EEUU, para terciar en los sistemas legislativos y en las praxis, gubernamentales. La “Iglesia Universal del Reino de Dios”, creada por Edir Macedo, hacia finales de los 70´, está presente en 180 países, repitiendo la muletilla “Pare de sufrir”, recorriendo las trasnoches de radios, programas televisivos y formatos de streaming. Según la revista de negocios “Forbes”, la iglesia de Macedo acopiaba en 2013 unos 1100 millones de dólares. Sin duda fue uno de los espacios religiosos que afirmó la promoción al poder del ex presidente Bolsonaro bajo la égida: “Dios, Patria y Familia”, normalizando y naturalizando percusiones autoritarias a opositores , una suerte de «batalla espiritual» en el ámbito político.

En el caso argentino el 15,9 % de la población total se define como evangélica, según la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina en 2019 realizada por el CONICET. La correspondencia nodal con el neo-pentecostalismo se ha solidificado en los últimos cinco años en las políticas de estado globales, referencia que podemos tomar inclusive dentro de los períodos del trumpismo en Estados Unidos. Hay una clara referencia de ello en el profundo avance del llamado nacionalismo cristiano bajo la idea de declarar al país del norte como una nación de corte salvífico frente al demonio del comunismo. El intento de toma de El Capitolio fue una muestra convincente de esto: sólo basta observar los pasacalles y banderas desplegadas con connotaciones religiosas en lo que fue el fallido golpe de estado desplegado por Donald Trump. El mandatario estadounidense en la actualidad ha potenciado dicha retórica adjudicándose ser un líder ungido por la divinidad judeocristiana: «Dios perdonó mi vida por una razón, y esa razón era salvar a nuestro país para devolver a Estados Unidos su grandeza”.
Este consorcio parental entre política y religión no tiene sólo bases electoralistas, sino de hecho se redelimita en las bitácoras socio-culturales. Una reacción conservadora, ante el avance de los llamados derechos adquiridos de la agenda woke. Una batalla entre las fuerzas del bien, plasmada en sus militantes/acólitos y las fuerzas del mal consustanciadas en el comunismo/progresismo.

En Javier Milei, la cercanía con sectores evangélico / sionistas es más que notable, con salvoconductos como “Dios, Patria y Libertad» ha fomentado la conexión con las extremas derechas a nivel internacional. Lo novedoso de esta juntura retórica, es la fusión de la mística hebrea con una lectura particular del cristianismo cuestionando hasta a su propio fundador: Jesús de Nazaret, incluyéndolo en la lista de comunistas que “…no debieron haber nacido”. Desde esta perspectiva, la presentación en sociedad de Milei es desde su autopercepción de ser un líder carismático, con un mandato ético de superioridad divina frente a un Estado maldito. Hay una concordancia básicamente en tres cimientos de matriz teológica/cultural: en primer lugar “la doctrina de la prosperidad “, un concepto ya enunciado por el propio calvinismo dentro de la teoría de la doble predeterminación de las almas, matriz del propio capitalismo, que coliga el brillo económico individual con la gracia y bendición divina. El segundo punto es el propio concepto de fuerzas del cielo, desarraigado del Primer Libro de los Macabeos (3:19) donde se intenta explicar que su éxito político no depende de fuerzas electorales o económicas, sino de una supuesta voluntad celestial. Javier Milei, infiere que la institución estatal procura, en su malignidad, suplantar a la omnipotencia divina ya que todo el sistema legal debiera basarse en un otorgamiento de derechos del todopoderoso: «Si los derechos provienen de Dios, el gobierno no tiene la autoridad para retirarlos». En esta sintonía rabínico/pentecostal, sus alegatos públicos están en linde con referencias a la Torá y conmemoraciones sacras del judaísmo rabínico : «No es casualidad que estemos aquí… es la fiesta de Jánuca, la fiesta de la luz y la libertad» y por último la llamada “teología del dominio” que es basal para entender este fenómeno en tanto se observa el mandato desde el púlpito de imponer a los fieles la obligación de conquistar lugares de influencia en las estructuras estatales para iniciar la transformación de lo social bajo abecedarios del Antiguo Testamento.

El pentecostalismo le aporta a estas nuevas construcciones conservadoras un vínculo con sectores populares que las tradicionales derechas oligárquicas no han tenido, sobre todo el acceso de militancia proveniente de espacios barriales con características de visible pobreza. Esto se debe que, frente al fracaso del catolicismo tradicional, las iglesias de este consorcio brindan mallas de contención socio-comunitarias y de espectro normativo ante las recurrentes crisis económicas que transcurren en la modernidad tardía. Salvo sacerdotes del porte como el del Padre Paco de “Opción por los Pobres” en Argentina, la iglesia Católica Apostólica Romana es concebida como lejana por la barriada, en oposición con el pastor que es por lo general un vecino, diestro en la problemática del barrio y siempre solícito a la contención. Los pastores se transfiguraron en mediadores y como sostén de los conservadurismos radicales a nivel global. Una suerte de emisarios de legitimidad ante sectores populares ofreciendo un cimiento político a referentes en crecimiento con escaso o nulo, apoyo del hombre de a pie. A contra cara, las iglesias cosechan claros provechos de los estados que a su vez combaten teológicamente como malignos. No maravilla entonces que Javier Milei confrontado con los gobiernos provinciales, con el congreso, hostigado con serios temores de los grupos concentrados sobre la viabilidad de su plan económico, empiece a no tener porciones de la sociedad donde afirmarse masivamente perdiendo inclusive porciones de su propia base de sustentación electoral. Entonces, es aquí y no en otro lado, que la entente evangélica/sionista cada vez más radicalizada y con tambores de guerra, no deja de ser abrigo necesario y en solitario ante un invierno político y social que se avecina.

*Licenciado en Cs sociales, especialista en DDHH, miembro honorario de la APDH.
Rector de la Fundación Universitaria Popular de Escobar

Artículo publicado en Página 12: https://www.pagina12.com.ar/2026/04/13/dios-me-libre-y-me-guarde/

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